El Poder de las Palabras que te Dices
Seguro has escuchado la frase “La verdad duele”. Pero lo que realmente duele son las historias que nos contamos a nosotros mismos. Porque, a ver, seamos sinceros: a veces, sin darnos cuenta, nos mentimos de la peor forma posible. No es que digamos que vimos un unicornio en el supermercado (aunque, oye, ojalá), sino que usamos palabras que programan nuestra mente para el fracaso.
Tu cuerpo escucha todo lo que dices
Cada vez que sueltas un “Me muero del cansancio” o “Soy un desastre”, tu cerebro no lo cuestiona. No te dice: “Espera, espera, en realidad no te estás muriendo, solo estás agotado”. No. Tu mente lo toma como una orden y actúa en consecuencia. Es como si tuvieras un asistente personal que apunta todo lo que dices y lo cumple al pie de la letra.
La neurociencia ha demostrado que el cerebro no distingue entre realidad e imaginación. Expertos en el tema como Joe Dispenza, coinciden en que el lenguaje influye directamente en nuestras emociones, nuestra química y hasta en nuestra biología. Es más, el famoso experimento de Masaru Emoto con el agua lo prueba: al exponer el agua a palabras positivas formó cristales hermosos, y con palabras negativas, se volvieron caóticos. Y adivina qué... ¡Nuestro cuerpo es en gran parte agua!
Cambia tus palabras, cambia tu realidad
Lo mismo ocurre con las constelaciones familiares. En estos encuentros, cuando una persona cambia la forma en que nombra su historia, su relación con el pasado y su manera de verse a sí misma, algo profundo se transforma. Porque lo que nos decimos y creemos define cómo nos movemos en el mundo.

