La herida invisible
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido la puñalada de una traición, de un abandono, de una palabra hiriente o de una injusticia profunda. El dolor que provocan esas heridas no siempre es visible, pero marca el alma, influye en nuestras decisiones, en nuestras relaciones y hasta en la manera en que nos miramos a nosotros mismos.
Perdonar no es un acto de debilidad ni significa justificar lo que nos hicieron. Es, sobre todo, un regalo de liberación que nos hacemos a nosotros mismos.
El doctor Mario Alonso Puig, cirujano y conferencista, habla de cómo la mente puede enfermar o sanar al cuerpo. Él sostiene que las emociones no resueltas, como el rencor, el odio o la culpa, acaban deteriorando nuestro bienestar físico y mental. Guardar resentimiento es como beber veneno esperando que el otro se enferme.
Perdonar es, en cambio, una declaración de independencia emocional.
